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el bosque de alimentos, Capítulo IV, evolución primavera 2021

Hace algunos años empecé a modificar una pequeña parcela y convertirla en un bosque comestible o bosque de alimentos. Una combinación de árboles frutales y de frutos del bosque así como zonas dedicas al cultivo de diferentes alimentos para el autoconsumo. Este pequeño proyecto no iba a ser una tarea, ni fácil ni rápida, llevaría su tiempo. Una parte ya estaba hecha porque algunos de los árboles estaban en la parcela, pero convertir un caos en un bosque comestible tenía trabajo por delante. Corría el año 2016 y empecé a visualizar lo que quería y qué elementos quería introducir o modificar en la parcela. Así empezó todo. Capítulo I.  Como te comentaba la parcela ya contenía varios árboles frutales y en base a ellos y a su distribución, que no era la mejor, pero era la que había, fui pensando en qué nuevos árboles quería introducir, qué nuevas plantas quería tener y qué elementos complementarios podía incorporar al proyecto que ayudarían a mejorarlo. Varios ciruelos, un naranjo, un cerez

Aclarado y repicado de semilleros

Siempre me ha llamado la atención la definición que encontraba en algunos libros de horticultura o jardinería sobre algunos conceptos básicos y es que, dependiendo de quién fuese el autor o la procedencia del mismo la definición no siempre era igual, sí similar, pero no exactamente igual.

Esto sucede mucho en mi tierra, Galicia, y en nuestro idioma, el gallego, y es que a muchas cosas de la huerta: material, tareas, procedimientos, etc. recibían nombres diferentes cuando se referían a la misma tarea o al mismo utensilio. Eso en un principio podría tener sentido si la distancia entre las diferentes aldeas fuese considerable. Pero no es así. En algunos casos la diferencia en km es ridícula ya que entre el pueblo de mi abuelo y el de mi suegro, por poner un ejemplo, es de 6 km y un utensilio como el de la foto en un lugar se le llama "gancha" y en otro "galleta".




Es curioso también ver cómo algunos términos vienen a ser "lo mismo" y lo único que cambia es el momento de hacerlo. Me explico. Siempre oí hablar a mi abuela del repicado, cuando hacía los semilleros, por ejemplo, lo hacía. Y en ocasiones lo hacía de una forma y en otras de otra. Pero la filosofía del término era la misma. No sé si lo voy a liar más o aclarar pero intentaré explicarlo. Si hacía un semillero de lechugas, que solía hacerlo directamente en el terreno, hacía lo que se conoce como aclarado, pero lo hacía de dos maneras, y es que algunas plántulas las desechaba y otras las trasplantaba para otras zonas del semillero donde habían fallado algunas semillas. Según las diferentes definiciones. Estaríamos ante un aclarado y un repicado.

Sinceramente, y sin ser un experto en etimología y mucho menos pretencioso, pero un repicado podría hacerse en cualquier momento, independientemente de si las plántulas se trasplantan o se desechan. Otra cosa es cuando es mejor hacer ese repicado.

Y es que en un primer momento lo mejor es hacer el denominado por muchos, aclarado y desechar las plántulas que arranquemos, favoreciendo así el desarrollo del resto del semillero y posteriormente, cuando las plántulas ya tienen varias hojas definitivas, hacer el repicado trasplantándolas a recipientes individuales. Lo que sinceramente y repito no quiero ser pretencioso, pero eso no deja de ser un trasplante.

Bueno que no quiero liaros mucho más con el tema y estaré encantado de leer vuestros comentarios, si es que queréis comentar algo al respecto en los comentarios del post, y así puede que entre todos logremos llegar a una conclusión coherente.

En el siguiente vídeo os muestro cómo hago yo los repicados también os cuento cuando es el mejor momento para hacerlo. Espero que os guste.



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